Y decirte alguna estupidez, como por ejemplo, te quiero.
sábado, 14 de enero de 2012
sábado, 7 de enero de 2012
Brindemos por ese "Siempre.".
Y por este nuevo año, que va a estar plagado de sonrisas, ¿prometido?
Gracias por esas sonrisas pintadas de color amarillo fosforito; por esos grandes sueños convertidos en pequeñas realidades; por esas 54.231.698 fotos tontas; por esa cantidad inmensa de caídas; por esas cortas tardes y largas noches; por caminar siempre al revés; por esos estúpidos apodos utilizados una vez; por ayudarme a caminar; por hacerme olvidar que existe la vergüenza; por el cariño y la paciencia cuando todo iba mal; por no dejar que me lleve la corriente; por recordarme que todavía queda mucha vida por delante para llorar y sufrir, y si no, mejor, porque aunque acabe mañana, todo esto estará más aprovechado con largas carcajadas; por aguantar mis tonterías, mis rautos, mis lloros y mis sonrisas, mis sueños, mis bajones, mis abrazos y mis besos, por echarlos de menos cuando no los veis, por luchar para verlos y por convertirlos en virtudes; por enseñarme a reírme de mi; por no callar nunca; por alargar todos esos momentos; por demostrarme que no es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita, o que nunca va a haber un final si no es feliz; por estar ahí, sonriéndome como estúpidos. Y supongo que, gracias por este fascinante 2011, por la cantidad de sueños hechos realidad y por vuestras sonrisas, que siempre merecen la pena.
Más de diez millones de veces al día pienso en que es lo que estoy haciendo. En por qué si quiero una cosa la estropeo con tanta facilidad y rapidez. Y más de diez millones de veces al día pienso en si de verdad lo hago bien, si de verdad mis amigos lo son, si es verdad que me quieren con mis miles de defectos; y más de diez millones de veces, me demostráis que es mejor no pensar, que mi facilidad de crear problemas no es tan mala, que llorar es fácil, pero merece más la pena sonreír, que aunque una vez no haya conseguido lo que quiero no significa que no lo vaya a conseguir, y que si hay algo para siempre sois vosotros, hay pequeñas cosas que os hacen enormes.
PD: Podéis contar conmigo.
Gracias por esas sonrisas pintadas de color amarillo fosforito; por esos grandes sueños convertidos en pequeñas realidades; por esas 54.231.698 fotos tontas; por esa cantidad inmensa de caídas; por esas cortas tardes y largas noches; por caminar siempre al revés; por esos estúpidos apodos utilizados una vez; por ayudarme a caminar; por hacerme olvidar que existe la vergüenza; por el cariño y la paciencia cuando todo iba mal; por no dejar que me lleve la corriente; por recordarme que todavía queda mucha vida por delante para llorar y sufrir, y si no, mejor, porque aunque acabe mañana, todo esto estará más aprovechado con largas carcajadas; por aguantar mis tonterías, mis rautos, mis lloros y mis sonrisas, mis sueños, mis bajones, mis abrazos y mis besos, por echarlos de menos cuando no los veis, por luchar para verlos y por convertirlos en virtudes; por enseñarme a reírme de mi; por no callar nunca; por alargar todos esos momentos; por demostrarme que no es más rico el que más tiene, si no el que menos necesita, o que nunca va a haber un final si no es feliz; por estar ahí, sonriéndome como estúpidos. Y supongo que, gracias por este fascinante 2011, por la cantidad de sueños hechos realidad y por vuestras sonrisas, que siempre merecen la pena.
Más de diez millones de veces al día pienso en que es lo que estoy haciendo. En por qué si quiero una cosa la estropeo con tanta facilidad y rapidez. Y más de diez millones de veces al día pienso en si de verdad lo hago bien, si de verdad mis amigos lo son, si es verdad que me quieren con mis miles de defectos; y más de diez millones de veces, me demostráis que es mejor no pensar, que mi facilidad de crear problemas no es tan mala, que llorar es fácil, pero merece más la pena sonreír, que aunque una vez no haya conseguido lo que quiero no significa que no lo vaya a conseguir, y que si hay algo para siempre sois vosotros, hay pequeñas cosas que os hacen enormes.
PD: Podéis contar conmigo.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
La mirada de la imperfección.
La venus del espejo, Diego Velázquez.
Volvió, y lo primero que hizo fue mirarse al espejo. Era verdaderamente alucinante, años mirándose a aquel espejo, el que siempre le sacaba una sonrisa al despertarse; y ese día, en ese momento solo veía una cosa, su cara, diferente, irreconocible. Se miró detalladamente cada porción de su cuerpecito blanco como la nieve, de abajo a arriba, poco a poco, e inconscientemente le fue apareciendo una sonrisilla de satisfacción, hasta que de improviso, llegó su cara y esa sonrisa en menos de medio segundo desapareció. Y sin poder seguir mirando el espejo, se dio media vuelta y se cayó boca arriba en la cama, con las manos en los ojos, llorando desconsoladamente. Se quedó tendida, raspada y magullada, pero intacta por fuera. Estaba demasiado débil, demasiado cansada y demasiado infeliz para moverse. Sólo conseguía pensar en la imagen del espejo. Gruesos lagrimones se formaban en sus ojos y corrían por su rostro, y tristes lamentos rasgaban el aire. Nadie la oyó, o al menos no la quiso oír. Sus gritos se convirtieron en plañidos pidiendo que alguien viniera a consolarla. Nadie acudió. Los sollozos sacudían sus hombros mientras lloraba su desesperanza. No quería ponerse en pie, no quería seguir adelante, pero ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Quedarse allí tumbada? Cuando paró de llorar se quedó tendida boca abajo. Al sentir que le dolía la cabeza se sentó. Se puso pesadamente en pie y fue a beber un pequeño vaso de agua. Echó a andar, retirando obstinadamente los malos pensamientos que obstruían su paso a la felicidad, escapando de su imagen, que la seguía. La corriente del recuerdo, que ya estaba crecida debido a las pequeñas inundaciones del principio, había aumentado hasta más del doble de su volumen gracias a aquellas palabras que un día le hicieron sonreír. Al cabo de un cierto tiempo, aquella imagen se convirtió en un dolor sordo que le nublaba la mente. Lloraba de vez en cuando mientras seguía pensando en ella desesperadamente, sus lágrimas pintaban chorretes blancos en su rostro triste.
Parecía imposible que aquel hombre al que ella le había hecho feliz tantas veces pudiera infravalorarla tanto, aquel que pensaba que la quería la mataba con el sufrimiento; y lo peor es que no era la primera vez, ni la última, pero quizá sí la más dolorosa. Después de beber agua, volvió tranquila y pesadamente a la cama, con menos lágrimas en la cara, pero con la misma tristeza. Cuando ya quería tirarlo todo por la borda, apareció su hijo, con una gran sonrisa en su carita que se desvaneció en el momento de ver la de ella, y a un pequeño soplo que salió de su boca, se le unió un:
-¿Qué pasó?
Le explicó todo lo ocurrido, y casi sin aliento le dijo como última frase:
-…y sigo buscando debajo de los libros a ver si a alguien se la he caído la perfección.
Y así, sin más, el pequeño angelito, con esa sonrisilla del principio miró a su alrededor y con un ligero movimiento cogió un espejo, la obligó a mirarse a la vez que le decía:
-La perfección es algo imposible de conseguir, a lo que más empeño ponemos, y por lo que más desesperamos.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Algo imperceptible;
como tu sonrisa.
Y de repente todo, absolutamente todo se vuelve negro, hasta el sol. No ves más allá porque no puedes, no te permites ese lujo, ya no tienes fuerza ni ganas. Sabes que todo es una mierda y que nadie te podrá sacar de ese pozo sin fondo, en el que te caes constantemente. Y es entonces, cuando lo das todo por perdido, cuando aparecen con cautela, cualquiera de esas personas que te hicieron llorar con la verdad. La miras, y te ciegas, es el sol que te quitaron, es la felicidad que te faltaba, es el amor que olvidaste dar, es todo lo que algo pudiera llegar a ser, es la perfección en un gesto, es la melodía de esa canción pegadiza. Te sientes obligada a sonreír, sea como sea, a no pensar, porque si no piensas, si hiciéramos todo sin pensar, podría ser genial; como todos esos momentos de felicidad. Esa sonrisa viene de ellos, esa sonrisa no es tuya, y justo ahí sabes que mientras los tengas, la soledad jamás llamará a tu puerta.
Y de repente todo, absolutamente todo se vuelve negro, hasta el sol. No ves más allá porque no puedes, no te permites ese lujo, ya no tienes fuerza ni ganas. Sabes que todo es una mierda y que nadie te podrá sacar de ese pozo sin fondo, en el que te caes constantemente. Y es entonces, cuando lo das todo por perdido, cuando aparecen con cautela, cualquiera de esas personas que te hicieron llorar con la verdad. La miras, y te ciegas, es el sol que te quitaron, es la felicidad que te faltaba, es el amor que olvidaste dar, es todo lo que algo pudiera llegar a ser, es la perfección en un gesto, es la melodía de esa canción pegadiza. Te sientes obligada a sonreír, sea como sea, a no pensar, porque si no piensas, si hiciéramos todo sin pensar, podría ser genial; como todos esos momentos de felicidad. Esa sonrisa viene de ellos, esa sonrisa no es tuya, y justo ahí sabes que mientras los tengas, la soledad jamás llamará a tu puerta.
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